El Correo

Actualizado el 1 de noviembre de 2009 a las 00:00

¿Sabes por dónde pisas?

¿Sabes por dónde pisas?

   

ALBERTO ROMERO. Hubo un momento en el que a un experto en la materia no había quien le chistase. Hoy, Internet ha buscado las cosquillas al especialista porque ha democratizado el acceso a la sabiduría, pero el “curioso virtual” no asegura la inmersión en la materia que se le supone al experto. El internauta sí puede tomar prestadas de la red unas nociones para expresarse sobre un tema. Que garantice unas conclusiones brillantes es algo menos frecuente. Pongamos un escenario cotidiano: la consulta del médico. Al paciente le genera zozobra un bulto que ha brotado recientemente en su piel. Pide consulta con el médico, y los días previos a la cita busca en Internet una respuesta para explicar su mal. Tras sus pesquisas, el afectado cuenta con la terminología para explicar su problema, pero su diagnóstico difícilmente será más preciso que una acreditada opinión médica.

El corredor aficionado encaja en el perfil. Conoce los nombres de los músculos implicados en cada zancada, incluye en su jerga habitual términos como pinzamiento, tirón o desgarro muscular, y posiblemente sea capaz de calcular las calorías que ha ingerido en las últimas 24 horas. Pero desde hace tiempo arrastra unas molestias al correr y no halla remedio alguno. Entonces busca el asesoramiento de un experto. “Normalmente el paciente no suele saber el porqué de su dolor y se documenta por Internet, pero las nociones básicas no son suficientes”, explica Natxo Corral, fisioterapeuta.

Y es que buena parte de las lesiones del corredor derivan del tipo de pisada que uno ejerce, que puede ser pronadora, supinadora o neutra. Las marcas de zapatillas fabrican modelos específicos destinados a paliar el perjuicio que provoca cada tipo de pisada. Sin embargo, la mayoría de los corredores aficionados ignora que están a su disposición en las tiendas. A fin de cuentas, si una gran parte de corredores aficionados no sabe por dónde pisa, ¿cómo van a comprarse unas zapatillas fijándose en la suela? “La gente no sabe nada y compra las zapatillas con el mismo ojo que compraría un coche. Que me gusta el rojo, pues el rojo. Que estas zapatillas son bonitas, pues me las compro”, bromea José Ramón Bastida, responsable de material duro en Intersport.

Tanto Natxo Corral como José Ramón Bastida coinciden en que todo corredor que se ejercite más de una hora por semana debería someterse a un reconocimiento de pisada antes de adquirir un modelo. A la hora de comprar aún se lleva el fiarse de un amigo al que le ha ido bien una marca concreta, o tener la percepción, errónea, de que la zapatilla más cara es la mejor. “Hay mucha fanfarronería”, resume Bastida. Sí, y también circulan algunos clichés dañinos, como “esta zapatilla sigue nueva después de un año” o “voy a seguir tirando con este modelo hasta que casque”, cuando a los 800 kilómetros una zapatilla está muerta porque ha perdido la amortiguación. La buena salud de una zapatilla no la determina una buena fachada, sino la capacidad de amortiguación de la suela, una característica inapreciable a simple vista. ¿Acaso está sana una naranja intacta por fuera, minutos antes objeto de las patadas de unos niños?

El pie pronador es el más habitual de todos. Consiste en un ladeo en la pisada hacia la zona interna. Grados de pronación hay muchos, y cuanto más pronunciado sea más acusadas serán las lesiones. Cuando un pronador compra unas zapatillas ha de examinar el lateral interior de las mismas, mientras que un supinador deberá fijarse más en el talón y en la cara externa del calzado. No más de un 15% de la población es supinadora, un tipo de pisada que el corredor ha podido heredar de la práctica del fútbol. La pisada neutra es, a priori, la más propensa a esquivar las lesiones, aunque esto no es ni mucho menos matemático.

El pronador sufrirá de fascitis plantar, ya que carga el peso del cuerpo sobre el puente del pie; el supinador correr el peligro de padecer la cintilla ileotibial. Incluso los neutros muestran un grado más o menos mayor de pronación o supinación. Ahora bien, sin lugar a duda el pie pronador es el más corriente, un dato que choca con las zapatillas que se venden en las tiendas, generalmente neutras. “Es que en España el corredor se fía de un amigo al que le ha ido bien un modelo. En cambio, en Europa, se comercializa más el calzado de perfil pronador porque hay más información”, se queja José Ramón Bastida.

Las modas y la dejadez añaden más ácido al asunto. El adolescente que lleva los cordones sueltos deliberadamente desconoce que está haciendo mucho daño al pie. Al tenerlo suelto dentro de la zapatilla, el pie baila y se bambolea dentro de la playera, convertida en un tiesto donde cultivar ampollas y rozaduras. Y ni tanto ni tan poco: el que ate con obsesiva presión los cordones estrangulará el pie a la altura del tobillo. La lazada correcta ha de ejercer una presión igualitaria a lo largo de todo el pie, estando los cordeles más cercanos a la puntera igual de prietos que los que sujetan al tobillo.

Las cámaras de aire, popularizadas a principios de los años 90, pierden toda efectividad en el momento que se pinchan. “Incluso degeneran en un calzado corrosivo para el pie, ya que la amortiguación deja de existir por completo”, explica Natxo Corral. Los datos no han de conducir a conclusiones apocalípticas. Lo normal es que el corredor que perciba un dolor como algo dañino para el organismo acuda al médico, cambie de zapatillas o, sencillamente, descanse. Esté más o menos informado, el deportista tiende a preocuparse por su salud. Sin ir más lejos, en Vamos a correr, página de atletismo y carreras populares, casi el 50% de las consultas versan sobre lesiones.

El runner que siente una punzada pero sigue corriendo, además de un testarudo, ignora el daño que se está infligiendo. Se haría un gran favor si solicitase asesoramiento médico. O también si se sometiese a un examen de pisada. De un tiempo a esta parte InterSport ofrece un análisis de huella gratuito. Un podoscopio detecta qué parte del pie aguanta la presión de la pisada. Una cámara que enfoca desde detrás del pie hace completa el examen. “El nivel de error es mínimo”, enfatiza José Ramón Bastida, ya habituado a poner en marcha el sistema.

Uno va a dar el visto bueno al reportaje cuando recibe un correo electrónico de Natxo Corral, explicando que, si bien una mala pisada provoca lesiones, también podría ser que el dolor viniera asociado a un problema de cadera, lumbar o de rodilla. Al fin y al cabo, “el pie no deja de ser el extremo de la articulación”. Y pienso que las motivaciones de Natxo para escribir este email han sido las mismas que las de nuestras madres ordenando que nos abrochemos la chaqueta desde el balcón de casa. Una madre nunca deja de preocuparse. Posiblemente, un fisioterapeuta tampoco. Además, uno bueno jamás dejará de profundizar.


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