El Correo

Actualizado el 22 de octubre de 2015 a las 16:03

Crónica de un corredor novato: Bilbao Night Marathon 2015, a reto descubierto

Crónica de un corredor novato: Bilbao Night Marathon 2015, a reto descubierto

Debutar en una media maratón marca, y encima si lo haces en casa, las sensaciones son algo que hay que vivir en primera persona. Y esta crónica va de eso, de las sensaciones de un corredor bilbaíno que se estrenaba en la media de la séptima edición del maratón nocturno de Bilbao

   

RAÚL GARCÍA LÓPEZ | Dicen mis padres que comencé a hablar muy temprano. Más aún, que cantaba canciones de Raphael cuando le veía por la tele, manda huevos. Cosa distinta fue lo de caminar. Cual simio en evolución, lo intenté una primera vez. Y me erguí con porte elegante, pero nula destreza. Tan nula que me caí, me golpeé y cogí un miedo tal que me costó tiempo volver a atreverme. Qué cagón, en esto no he cambiado tanto. El caso es que tardé en ponerme recto y comenzar a desplazarme por mi propio pie. Y estas cosas, imagino yo que a uno le marcan, se quedan en el subconsciente. Quizá por eso, o qué se yo, tenía que enmendar la plana y quitarme la espina.

Crónica de un corredor novato: Bilbao Night Marathon 2015, a reto descubierto

El reto

Un reto es un reto y a las puertas de mis 39 años tocaba hacer algo para olvidar las penas, entonar el "porque yo lo valgo" y superar las crisis del pasado, y de paso las venideras. Gente cercana había corrido otros años la Bilbao Night Marathon, y a mí me parecía una experiencia bonita. En mi 'Botxo' iluminado. A la luz de las estrellas. Las calles animadas. Que sí, que sí, que había que completar la carrera. ¿La de 10 km? Corta. ¿La de 42 km? Demasiado larga. La mía era la media, la de 21 km y un fleco. Terminé de decidirme en junio, mientras tomaba una cerveza a pie de playa en un viaje mochilero por Asia. Qué rica aquella 'birra' lejos del mundanal ruido con Abdon, mi compañero de ruta y profundas conversaciones. Y qué bonito lo que se avecinaba. Tocaba entrenar.

Crónica de un corredor novato: Bilbao Night Marathon 2015, a reto descubierto

Los entrenamientos

Había que darle duro porque yo apenas había corrido nunca. Cierto es que peso poco, que mi constitución ayuda y que soy de naturaleza caminante, pero solo había emulado a los runners (conste que detesto los anglicismos innecesarios) en ocasiones salteadas. Una semana, un día y 3 meses nada, por especificar y para que saquéis la media con facilidad. Máximo 7 kilómetros. Aparte pádel de vez en cuando en el polideportivo público, y fútbol amateur (era de los malos, claro) en el pasado, alguna excursión al monte y poco más.

Ágil sí, pero pintas de deportista las justas. Así que me compré unas 'zapas' nuevas para venirme definitivamente arriba. Chulas. No demasiado extravagantes, que lo son casi todas. Pero vamos, 50 euros en oferta, y a saber si de pronador, neutras o de supinador. Al azar. "Qué coño importaba si se trata de correr", pensó la ignorancia por mí. Listo, no faltaba nada. Bueno sí, faltaba Julen. Un amigo de nuevo cuño, pero de los de verdad, de los que sabes que van a durar para siempre. Un gran tipo cuando suda la camiseta, y cuando no, y con el que me juré completar la carrera.

Eso sí, ni plan de entrenamiento, ni estirar ni nada de nada, de Bilbao la hostia. La primera semana hicimos 3 sesiones y progresamos bastante bien. La segunda hicimos ya recorridos más largos y la tercera probé mis piernas con algo así como 12, 14 y 16 km, respectivamente. Iba lento, pero flipaba con mis avances. Flipaba mucho, pero noté un dolor. Una carrera más me duró la alegría y cojera. Días y días de dolor y cojera. No era posible entrenar más. Julen seguía sólo y yo me desviaba hasta la consulta del fisio. Sobrecarga en el gemelo derecho, en la frontera con la tendinitis. Agosto de secano. Parado. Septiembre a las puertas y yo cargado de ilusión. Nada. Molestias cada vez que lo intentaba y se añadían otras en el pie izquierdo, quizá de abusar mientras la pierna contraria flaqueaba. Más descanso, fisio y colágeno, yo ya probaba lo que hiciera falta. "No sigas, que va a ser peor", "Espera para más adelante que luego están la Behobia y otras populares", me repetía la gente. El tiempo se agotaba y yo lo pasaba mal. Quería, pero no podía. Pero tenía que poder, me lo había prometido, y además había convertido el reto en algo importante. Cosas de la edad, supongo.  

Un mes antes de la carrera mis entrenos comenzaron a ser mejores. Guardé mis zapatillas nuevas y me volví a calzar unas viejas ya casi olvidadas. Mano de Santo. O pie de Santo, qué sé yo. Me vine arriba y aunque tenía poco tiempo me sobraba la ilusión. Ahora, había leído foros y más foros especializados. Me había informado bien. Estiraba antes, después y hasta durante; completaba carreras cada vez más largas e incluso mejoraba los tiempos, aunque no era el propósito. Rock FM me acompañaba desde los auriculares y la Ría me apoyaba en mis progresos por Campo Volantín, Zorrozaurre y Olabeaga, entre otros escenarios de la villa. Ya no quedaba nada y mis tiradas más largas habían sido de 15 y 18. Era suficiente, tenía que servir. Me había inscrito en julio y quería ese dorsal. Estaría en la línea de salida. ¡Vamos!

Crónica de un corredor novato: Bilbao Night Marathon 2015, a reto descubierto

La carrera

El viernes 16 yo ya estaba nervioso. Entre que el "Tío Calambres" a mi lado es un sosaina en un museo de cera, y que era novato, yo ya no podía estar quieto. Por la tarde fui con Julen a por el kit de caminante de la organización, paseamos por la Ría, vimos cómo montaban la meta frente al Guggenheim, y terminamos tomando algo en el Baobab, mientras dos mochileros explicaban cómo habían dado la vuelta al mundo en formato low cost. Interesante, pero mi cabeza estaba ya en otra parte.

Amanecí el sábado tras dormir decentemente, paseé por la mañana, diseñé un plan de alimentación apropiado para todo el día y tras la comida intenté echar una siesta. Ni de coña Yo solo quería que aquello empezase ya. Como en casa no se podía estar, bajé pronto con mi compañero y quedamos allí con Peru, un amigo de él experimentado, aunque más de correr por montes que por asfalto. La hora de inicio se aproximaba, la multitud de corredores comenzaba a ser digna de mención y yo entré en una especie de trance. Era entre ansiedad por comenzar y miedo. A ver si después de estar allí se me paralizaban las piernas y hacía el ridículo. ¿Y si no la terminaba? ¿Y si volvían los dolores? Bufff, "¡Cuándo coño empieza esto!", pensé yo desde el cajón de salida número 4, y mientras calentaba al tran tran.

Miré el reloj (sin GPS ni pulsómetro ni gaitas) y a las 20.30 salieron los buenos, los de la zona 1. Y luego los de la 2. Ya quedaba poco para mi estreno y, manda narices, me estaba meando, o esa sensación me dio. Joder, si yo soy cagón, no meón. En fin, los nervios otra vez. Daba igual, no había tiempo para más, no me había ni enterado y ya estaba corriendo. Al principio más lento, raro. Gente y más gente, difícil adelantar. Zig zags y 'tó palante'. Poco a poco me reposé y hasta el kilómetro 3 fui con Julen y con Peru. Después ellos tiraron a más ritmo, pero yo sabía que quería ir de menos a más. Había que ser inteligente, y creo que lo fui.

Ya solo, entre la muchedumbre korrikalari, disfruté muchísimo de la carrera y me fui encontrando mejor. Gran idea la mía tirar los cascos antes del comienzo y escuchar el sonido ambiente. El respirar esforzado de los competidores, el animar de la gente y el chocar de las palmas de las niñas y los niños con las mías. Cómo me gustó, dosis extra de energía. Y lo mismo con las actuaciones musicales. Yo iba muy bien. Había costado pero me gustaba aquello. Tanto que a partir del kilómetro 9 empecé a tirar con más fuerza, la de un novato con pocos entrenamientos, pero bueno, la que el cuerpo me permitía. Cuando podía bebía, aunque como creía que me orinaba lo hacía con prudencia, y en el kilómetro 15 alcancé a Peru. Le saludé, le animé y le dije que me siguiera, pero iba algo más justo. Yo seguí y seguí y hasta el 18 con buen ritmo. De ahí hasta el 20 comencé a sentir las piernas ya más cansadas. Encima me encontré con Alex, un conocido, y el tío, más ancho que largo, se me puso a hablar. Ojo, que a mí me gusta contar y que me cuenten, pero no era el momento. Ni mucho menos. Flojeé, pero quedaba nada. Vamos, ya estaba casi. Último kilómetro. Esprinté como si no hubiera un mañana y paré el reloj en un tiempo real de 1:47.14. Feliz. Orgulloso. Prueba superada! Al fondo esperaba Julen, que llegó 50 segundos antes. Y poco después lo hizo Peru. Nos reencontramos, nos abrazamos. Yo estaba exultante. Quería acabar, quería hacerlo en menos de 2 horas y si podía acercarme a mayores logros. Lo había conseguido. ¡Yihaaaaaaa!

Crónica de un corredor novato: Bilbao Night Marathon 2015, a reto descubierto

Mis conclusiones

Críticas a la organización ha habido muchas, y en algunas estoy de acuerdo. 20 minutos para recoger el avituallamiento (bastante limitado además) es demasiado. Que no hubiera plásticos para tapar a todos los corredores es peor. Y que tuviéramos que esperar más de media hora para recoger nuestras bolsas muertos de frío es ya más grave. No entiendo tampoco por qué las clasificaciones se realizan por tiempo oficial, le veo poco sentido y menos justicia, y lo que más tristeza me dio es ver a los compañeros maratonianos. 42 kilómetros, horas de esfuerzo y corrían desangelados. No les hacía caso ni Rita, lamentable.

Dicho lo anterior aplaudo a los voluntarios y soy consciente de lo difícil que es coordinar un evento de este tipo con 13.000 corredores. Y diré más, me quedo de largo con lo bueno, que fue mucho.

Me gustó tanto lo del sábado que ya he superado mis traumas infantiles y pienso repetir. Que la vida pasa deprisa y, paradojas, he descubierto que corriendo se hace más lenta. Se paladea tranquila, mejor. Como las cervezas que aún me tomé por la noche con los amigos para brindar por lo conseguido. ¡Chin, chin y a por todas!

Fotos: Koldo Larrea (Vamos A Correr)


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