El Correo

Actualizado el 13 de junio de 2010 a las 00:00

Crónica de la V Kosta Trail por Iñigo

Crónica de la V Kosta Trail por Iñigo

   

No soy una persona que lleve corriendo mucho tiempo, de hecho lo mío es el monte pero el caso es que empiezas subiendo a cimas los domingos, sigues con marchas de montaña con grandes desniveles y en las que se imprime un buen ritmo y con el paso de los años (y casi sin notarlo) te das cuenta de que te haces gran parte del recorrido corriendo o al trote. Creo que llevo menos de 2 años corriendo y la verdad es que estoy descubriendo que cada vez me gusta más y además disfruto con ello enormemente y si encima es en el monte todavía mucho mejor.
Como a casi todos, a principio de año nos gusta fijarnos algún reto que nos exija ciertos sacrificios pero que de alguna forma u otra nos reportan satisfacciones. Incluso aunque el reto no sea superado la sensación de bienestar general por la práctica de deporte reconforta y si encima consigues quitarte todos esos kilos de más que siempre cogemos en Navidades, mejor que mejor.
El caso es que tengo una espina clavada en la Hiru Haundiak de 2008 (que tuve que abandonar en el km 70) y este año 2010 me he planteado terminarla, pero para poder llevarla a cabo con éxito es necesario prepararse mínimamente y para ello lo mejor es realizar muchas marchas de fondo (más de 40km a ser posible) y correr algunas veces por semana.
El año va transcurriendo y vas descubriendo que con disciplina, tu nivel físico ha mejorado mucho y de repente en una de las marchas alguien comenta “La Kosta Trail es el 13/06”. La marcha que sale de tu pueblo y a la que nunca había acudido porque 20km y con ese desnivel se me hacían un poco cortos y la posibilidad de hacer los 30km corriendo era impensable para mí. Pero este año la cosa es diferente, me veía bastante bien, me fui calentando y me apunté con las dudas de si sería capaz de terminarla entero acompañado del hecho de que nunca he participado en ninguna carrera (ni tan siquiera popular).
Seguí con mis marchas y salidas a correr y durante el último mes cambié correr en carretera por más monte y empecé a meter desniveles para acostumbrarme algo a correr en cuestas. También hice el recorrido previamente en dos jornadas diferentes para analizar el terreno insitu y con los resultados obtenidos me establecí que podría acabar entre 3,5h-4h, teniendo en cuenta que en estos casos 1+1 no son 2.
El día señalado 13/06/10:
Desayuno ligero en el bar Denver en Sopelana en el que comentamos con otro corredor y con Jesús (el organizador del evento) el hecho de que al haber llovido tanto va a ser una carrera muy dura por el tema del barro sobre todo.
Tras dejar el coche en Plentzia con todos los enseres de recambio para la vuelta, mi colega Juanjo me acerca hasta Arrigunaga un poco antes de lo que teníamos pensado. Y es que llegué a las 08:00 y empecé a preguntarme ¿y ahora qué demonios hago aquí ahora durante una hora? El tiempo amenazaba algo de lluvia, todavía estaban montando la salida y se veía muy poca gente por allí. Así que me senté en un banco y aunque hacía un poco de frío me entretuve un rato con el teléfono.
El trasiego de gente era cada vez mayor y en esto que se puso a llover de lo lindo y pensé, "dios mío, dios mío. ¡como no pare, esto va a ser un infierno!" Nos refugiamos todos en los soportales que estaban en frente y seguí a la espera de recoger el chip y dejar la mochila, sobre todo porque tenía frío y no quería deshacerme del chubasquero de forma precipitada y quedarme helado. Cuando faltaban 25 minutos y ya que había parado de llover recogí el chip, dejé una pequeña mochila con 4 cosas y el chubasquero en la consigna y empecé a calentar un poco. El ambiente ya se iba animando y la gente ya correteaba por las inmediaciones. El día era fresco y húmedo y las sensaciones eran muy buenas. Tras la meadilla de rigor previa a la salida y siguiendo las indicaciones de la organización nos colocamos en la salida. Delante los dorsales rojos (las “máquinas”) y detrás los azules (“los paquetillos” pensaba yo). La verdad que estaba un poco acojonado y prefería ponerme de los últimos porque se veía mucho “profesional” por allí y tampoco era cuestión de estorbar a nadie.
Ya está liada pensé; aquí estamos y ya no me salva nadie. Vamos a ver si por lo menos nos respeta el tiempo…¡Hiru, bi, bat! (mariposas en el estómago, aplausos en la salida) y ¡adelante! Poco a poco se va estirando el grupo de gente y vamos arrancando muy tranquilos por las primeras rampas previas al molino de Aixerrota.
El ritmo general se va animando el ritmo y empiezo a adelantar ya algo de gente hasta meternos en los senderos que van pegados a los acantilados previos al fuerte de La Galea. Me da la sensación de que voy muy despacio, pero claro tampoco hay sitio para adelantar y tampoco se trata de ir avasallando a la gente desde el minuto uno. Todavía quedan muchos km, así que me digo a mi mismo “contente un poco”. El reloj Garmin me “canta” el km 2; 6:37 (igual que el 1º) “joder que mal” pienso, a ver si llegamos a una zona más espaciosa y recupero un poco porque creo que voy demasiado despacio. Los caminos empiezan a ensancharse, las vistas son cada vez mejores y ya con la tranquilidad de no tener que ir a “rueda” aumento el ritmo. Cada vez adelanto más gente (y por supuesto otros a mí también me adelantan) y el barro no parece ser para tanto. Ya me empiezo a encontrar más cómodo cuando de repente llegamos a la bajada de la playa de Aizkorri. ¡Tapón! “No me lo puedo creer” pienso, “estamos en el km 4,4 y ahora nos paramos…venga, venga que se me jode otra vez la media…” Resignación. Algunos se lo toman a risa, otros se cabrean y cargan contra la organización. Los de delante comentaban “que si tenían que haber anulado este tramo… o …porque no está lloviendo que si no, me iba directamente corriendo de vuelta al coche y para casa…” Tras 4 min parados, decido parar el reloj, “esto es peor de lo que pensaba…” Al de 9min desde la llegada, por fin inicio la bajada que aunque es un pelín peligrosa en algún punto la gente se lo toma con demasiada tranquilidad y no termino de arrancar hasta llegar a la playa. La playa de Aizkorri se corre muy cómoda y enseguida me planto en la cuesta de subida que intento hacer corriendo casi toda y empiezo andando justo cuando nos cambian a las rampas de barro. “Venga, ahora a recuperar tiempo en la bajada a la playa de La Salvaje…” y otra vez me limita un grupo de gente que va por delante. Llegamos a la playa, incómoda de correr hasta llegar a la zona húmeda y el reloj me canta el km 06; 08:28. “Adios… no termino en 3,5h ni jarto. Si cada vez voy más despacio…” Con tranquilidad subo hasta el parking, y primer avituallamiento. Pego un sorbo de una bebida isotónica de sabor infernal y arranco sin apenas parar. Ya nos dirigimos hacia la playa de Atxabiribil y en esto que nos encontramos con gente de la marcha y de repente empiezas a oir “¡aupa chavales!” “¡venga valientes!” mariposas en el estómago otra vez que misteriosamente y por la euforia te dan fuerza para apretar un poco. La verdad es que voy muy cómodo con el ritmo, los ánimos de la gente y el terreno. “vamos a ver cómo se nos dan las rampas de Sopelmar…” Y en esto que empieza a llover bastante fuerte y oigo a unos “estos sí que son la hostia; subir corriendo ya es la leche pero encima con lluvia…”¡Venga!, a demostrar que soy digno del dorsal de corredor”. Subo corriendo todo lo que puedo pero otra vez atascos que no me dejan progresar como me gustaría (aunque tengo que reconocer que me insuflan oxígeno). Adelanto un grupo de 2, a otro, a otro y empiezo a pensar “no estaré corriendo demasiado? A ver si luego lo voy a pagar?...la gente va muy tranquila…” La distancia entre corredores se va agrandando y ya casi no nos estorbamos. Subo corriendo, a mi ritmo pero sin parar hasta llegar al alto de Meñakoz y el reloj “pita” km 09; 6:54. Está claro Iñigo, hoy no es el día de hacer marcas y pienso “con estas medias y terminar en tiempo será suficiente…”
Ahora tocan las bajadas por los estrechos senderos embarrados de Barrika, De hecho en una de las rampas muy pronunciadas casi me meto la hostia del día. Superado el tramo y con el sube-baja de los senderos llego al 2º avituallamiento. Cojo chocolate y pego unos tragos de agua. Arranco corriendo detrás de un chico y mientras corro me voy comiendo el chocolate que sin agua me cuesta tragar y me reseca un poco más la boca. La zona de la punta de Barrika es muy cómoda de correr porque apenas tiene desniveles y el terreno me encanta porque a veces da la sensación de que vas en moto y hasta ¡saltas! Voy a gusto y siguiendo al mismo chico desde hace un rato. El reloj vuelve a “cantar” km 12; 5:34 “ni tan mal… pienso. Ahora queda la subida al alto del puntal y luego todo bajada y llano de Plentzia hasta Astondo. A ver qué tal.” El ritmo de bajada es muy bueno y la verdad es que voy cómodo con el chico de delante. Llegamos al avi de la carretera de Plentzia. Pregunto por el siguiente y me dicen que en el faro, así que sin dudarlo cojo un botellín de agua que llevo en la mano no vaya a ser que lo pague. Arranco a correr hacia el puente y empiezo a adelantar más gente. Pasamos por el puerto y antes de llegar a la playa de Gorliz veo otro avi líquido “Joder… y yo con el botellín lleno en la mano durante 3km…” Ni paro. Correr por la arena se hace pesado e incómodo y te obliga a bajar el ritmo. Salgo de la playa y por fin llegamos al inicio de subida de Astondo.
Una ampolla en el pie y que la camiseta empieza a lijarme los pezones (eso que me di algo de vaselina) empiezan a recordarme que todavía queda por sufrir. “Bueno Iñigo, tras 1h57m estás en el km 18 y ahora a tomarselo con tranquilidad que aunque estás en tu terreno quedan en teoría los 13km más duros…” Me doy cuenta de que apenas he comido nada y saco una de mis barritas energéticas que voy desenvolviendo mientras subo. Entre el botellín en una mano, la barrita en la otra, la puta riñonera que no puedo cerrar, los escalones altos y lo asfixiado que estoy subiendo, se cuajan todos los ingredientes para darme la hostia padre y efectivamente en uno de los escalones me voy de bruces contra el puto suelo. La barrita por una lado, el botellín por otro, las dos rodillas magulladas y el de atrás que me pregunta “estás bien?”. Yo le contesto que sí, “las piernas empiezan a no querer levantarse le digo…” Recojo todo más por vergüenza y no dejar los desperdicios que por el hambre/sed que pudiera tener y sigo subiendo. Llevo la barrita sucia en una mano y pienso “qué coño, lo que no mata engorda!” Un trago de agua y para dentro.
Empezamos la bajada un poco resbalosa pero cómoda y francamente me encuentro bien aunque noto algo en las rodillas que me hacen pensar si la hostia me pasará factura. La subida previa a la carretera del faro la hago a ratos corriendo y adelantando mucha gente y por supuesto la bajada mejor aún, de hecho no paré de correr hasta la llegada a los bunkers. Empezamos a bajar y yo pensaba, “¡la leche! ¡todavía nos bajan hasta Cabo Billano”. El interior de los bunkers lo hago andando porque tal y como está el tema, la iluminación estratégica y que ya voy caliente no tengo ganas de otro percance.
Ya estamos en el faro. Noto las piernas algo cargadas. Es el momento del “doping”. Me tomo un gel de Isostar para irlo digiriendo durante la subida y me termino el botellín de agua antes de coger otro. Venga, ahora la primera cuesta al Ermuamendi. Subo a buen ritmo, adelantando más corredores. De hecho me llama la atención que la gente de carrera que sube andando sube muy despacio para mi gusto (llevaré una media de 5,5-6km/h). Después toca bajar corriendo y muy cómodamente antes de la rampa final que también se me hace fácil.
Por fin estamos en el cruce, ahora casi todo bajada hasta Armintza y después la subida final “…a disfrutar bajando…” Me adelanta un corredor y adelantamos a otros, hasta que de forma casi pronosticada en el km 23 calambre en el abductor izquierdo. “¡¡¡Mierda!!!. Ahora no… joder!” bajo el ritmo pero no sirve de nada, mi pierna está agarrotada por completo y necesito parar a masajearla un poco. Me adelanta el corredor que acabada de rebasar y me anima “venga, venga que no queda nada”. Arranco poco a poco andando y me voy animando hasta fijar otra vez un buen ritmo. La verdad es que otra vez voy cómodo y el reloj vuelve a “pitar” km 24; 5:17. Bueno, ya solo quedan 7km y en el peor de los casos sería +1h lo que me daría un tiempo inferior a 4h en el total. “Ni tan mal después del mal inicio y encima salvo desastre mayor voy a terminarla lo que ya es increible”. Alterno la carrera con el trote hasta llegar al último avituallamiento donde bromeo con la organización preguntando por la parada del autobús. Cojo una barrita, un botellín de agua y para arriba. Me encuentro con el corredor que me animó tras el calambre y me dice que justo él lo ha tenido nada más animarme a mí.
Subimos poco a poco charlando pero mi ritmo de subida es mayor, así que me despego y empiezo a adelantar más corredores. Me vuelve a llamar la atención lo despacio que sube la gente las cuestas pronunciadas. Antes de llegar al cruce donde empieza la bajada comento con otros corredores que ya solo queda lo mejor, la bajada y la entrada triunfal, así que hay que disfrutar el momento a tope. Bajamos por un camino algo técnico con piedras pero fácil. El sol acaba de salir y se agradece. Salimos a la pista cementada y la verdad es que bajo disfrutando de los ánimos, el paisaje y la gente, aunque el gemelo izquierdo me está avisando de vez en cuando. Bueno ya estamos abajo pienso, ahora quedaran +1km más o menos llano y encima el reloj me marca 03h23m. “No me lo puedo creer. Si casi he hecho más rápido la parte final que el inicio…Puedo entrar cerca de 03:30” Entramos en la zona del merendero, aprieto un poco por la euforia y “bang” el calambre que me venía avisando se desata. “Joder, joder… ahora no…” Paro un segundo, empiezo a andar y voy subiendo el ritmo. “Parece que se contiene pienso”. Me adelantan algunos corredores a los que yo había rebasado subiendo y por fin entramos en la recta final. Maravilloso. Quién me iba a decir a mí hace unos años que estaría haciendo esto. A 100m de la meta oigo “¡¡¡¡¡Aita!!!!!, ¡¡¡¡Aita!!!!!!”. No me lo podía creer mi mujer y los niños me habían engañado y allí estaban para recibirme. Cruzo la meta en una borrachera de satisfacción inigualable.Pienso, “lo he conseguido, en el tiempo previsto y lo mejor es que me encuentro que todavía podría correr algunos km más”. Desde el momento que me quitaron el chip me dije, ya sé cuál es mi reto para 2011: Kosta Trail con dorsal rojo y a bajar la marca!
Sinceramente, es una carrera que lo tiene todo; buenos avituallamientos, buen recorrido y paisajes, buena organización, buenos obsequios, un ambiente inmejorable que te hace sentir como en una gran competición y sobre todo que es en favor de una gran causa.

Ahora ya solo me queda terminar la Hiru Haundiak en menos de 22h y remato la temporada antes de coger vacaciones, pero sinceramente, voy con la tranquilidad de pensar que si no la termino no pasa nada porque he descubierto que en mi bautismo de carreras de montaña, la Kosta Trail ha hecho que mi nivel de satisfacción sea pleno.


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